tratamiento online fobia social

¿Tratamiento online para la fobia social? ¿buena idea?

El impulso tan poderoso que ha cobrado la terapia online en los últimos años, (especialmente post-pandemia) ha hecho que tanto profesionales como consultantes elijan cada vez más a este medio. Su accesibilidad, elección de cualquier profesional independientemente de su ubicación y reducción de costes de desplazamiento, convierten  la psicoterapia online en una opción más que interesante. 

Pero… ¿Es oro todo lo que reluce en la terapia online? ¿La digitalización de la sociabilidad nos está influyendo en otros problemas de habilidades sociales? ¿Es entonces recomendable, que la terapia sea online? En casos denominados de fobia social, ¿este medio sería el más óptimo?

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¿Qué es la “fobia social”?

[Fobia social. Ejem ejem. Una vez más tenemos términos populares que conviene coger con pinzas para definir desde otro prisma. – *Pausa para introducir cuñita conductista, no se retiren todavía*.

Según las corrientes psicológicas de corte cognitivo-conductual (este artículo no sigue esa corriente, pero es una de las explicaciones más ampliamente acogidas y me veo en la obligación de hacer distinciones entre esta y la corriente conductual, perdón, seguimos): la fobia social se trataría de un trastorno psicológico, donde las personas cumplirían una serie de criterios para establecer este diagnóstico. Alguno de esos “criterios o síntomas” son:

  • Las situaciones sociales se evitan o resisten con miedo o ansiedad intensa.
  • El miedo o la ansiedad son desproporcionados a la amenaza real planteada por la situación social y al contexto sociocultural.
  • El miedo, la ansiedad o la evitación es persistente, y dura típicamente seis o más meses. (DSM – V, 2013). 
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Estos y otros “síntomas” son recogidos en el manual DSM-V como “fobia social”. (El DSM-IV Diagnostic and statistical manual of mental disorder es una guía que recoge como trastornos mentales problemas de conducta y les pone criterios clasificatorios para que se diagnostique (o no) tal patología-“mental”).

Una de esas etiquetas es la “Fobia social”. Este término no debe llevarnos a despiste, puede ayudarnos a resumir someramente un conjunto de patrones conductuales como descripción, pero no explicaría nada realmente: “Pedro no sabe hacer amigos porque tiene fobia social. Pedro tiene fobia social y por eso no sabe hacer amigos”. *Suspicious*. Y hasta aquí la cuñita conductista aclaratoria. Podemos seguir.] 

La fobia social en términos conductuales 

La fobia social podríamos definirla como el término que recoge un patrón de conductas de evitación de tipo social, y que el hecho de evitar tales exposiciones, limita tanto las habilidades sociales de la persona como las relaciones que pueda generar. 

Así mismo la persona podría mermar sus habilidades sociales por la falta de exposición, y a la vez, la falta de exposición social limita las relaciones sociales que mejorarían esas  habilidades. De esta forma, estamos en una trampa circular que perpetúa la supuesta “fobia” o problema de evitación social.

Ejemplo de fobia social 

Escena análoga: Un perrito que apenas lo han sacado de casa popularmente se dice que está “mal socializado”. Conoce nuevos perros y este se esconde, tiembla, se vuelve agresivo o huye. ¿Tiene el perro un trastorno “dentro”? ¿Por qué cuando está solo en casa no muestra estas conductas? ¿Es la escasa interacción previa la que ha dificultado su repertorio social? ¿Cómo logramos que nuestro perrito mejore sus habilidades? ¿Podemos culpar al perrito de querer huir del malestar que le causan las relaciones? ¿O ayudarlo a relacionarse mejor? Si cada vez que sale a jugar con los perros de su barrio es mordido, ¿no tendría sentido que nuestro perrito cada vez tuviera más miedo y quisiera quedarse en casa para evitar tener estos encuentros?

Y ahora podemos afirmar sin miedo: ¿qué nos diferencia de nuestros amigos peludos?

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Que quizás ellos solo sienten, no anticipan con lenguaje (porque no lo tienen) toda esa verborrea de creencias sobre nuestra persona que hemos construido a lo largo de los años. Darnos supuestas explicaciones de esto y aquello puede que nos haya dado cierta coherencia o tranquilidad por generar alguna “justificación” de qué carallo pasa con nuestras amistades.

Nuestro perrito no se dice: (o eso espero, sino por favor, avísenme si mi perra es como los juguetes de ToyStory) – “Ese perro me mira mal, seguro que piensa que soy estúpido e inseguro”. Pero las personas… ahá, otro cantar. En problemas de evitación social a veces se intenta inferir explicaciones que intenten “predecir o controlar” lo que otros piensan de nosotros -¡Esa tipa me está mirando la barriga, seguro que piensa que estoy gorda!. -Mejor no quedo con ella, me hace sentir insegura.

¿Telequinesis como Goku? ¿Adivinar los pensamientos de los demás? Vaya.

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De este modo, parece que tuviéramos un “Alohomora” para abrir las puertas del pensamiento de otros, como si poseyéramos un vaso de plástico unido a un cordel para escuchar al otro lado los pensamientos de las personas. Y tiene sentido, si esa persona me ha dicho 4 veces gorda, que ya siempre asocie su persona a mi devaluación y emociones negativas. Hasta si la veo por foto. Más divertido aun cuando empiezo a pensar que todas las personas que se le parecen también lo piensan: ¡Todos piensan que soy gorda!.

¡Cuánto sabemos! Nah, en realidad no tenemos ni p*ta idea, pero podemos anticipar verbalizaciones ajenas por muchas influencias personales, habría que rebuscar en el cajón de nuestra historia personal

Estas explicaciones quizás nos ayudaron a escapar de situaciones aversivas en el pasado, como a nuestro perrete. Y huimos como él. Él solo huye, nosotros nos intentamos explicar por qué huimos o por qué es mejor quedarnos en casa. En conclusión, ni él ni nosotros nos relacionamos cómodamente. ¿Cómo abordar esto? ¿Terapeuta online? ¿Sí? ¿No? Veamos qué pros y contras podríamos encontrarnos.

¿Es recomendable una psicoterapia online para la fobia social?

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Desde luego, posible es, ahora bien, habría que ver las ventajas y desventajas que puede tener esta herramienta.

Posibles ventajas de la terapia online para la fobia social

  • Agilidad y practicidad

Desde luego la digitalidad nos permite acceder a infinidad de recursos disponibles: tv de 85″ en cómodas cuotas, un coche híbrido desde UK, una cita esta noche deslizando un corazón, un juguete descatalogado de la infancia o la hamburguesa del bar de la esquina. Todo parece estar a un click. Desde luego los psicólogos hemos sabido aprovechar este recurso y ha facilitado el acceso a las personas que de otra forma, esperarían largas colas en los servicios públicos de salud. O también para aquellas que no pueden permitirse otro psicólogo de su zona a otro precio, no pueden desplazarse o directamente, no satisface sus necesidades. De esta forma casi cualquier persona puede contactar con el profesional que pudiera estar más preparado y más adecuado a sus necesidades, y esto mejora en muchas ocasiones la satisfacción y adherencia al servicio de telepsicología.

  • Economizar en tiempo, desplazamientos y dinero

El que una psicoterapia pueda realizarse desde la universidad, el dormitorio, la oficina o dando un paseo por la playa es un recurso que desde luego ayuda a que las personas puedan ser ayudadas de un modo mucho más accesible. El no tener que desplazarse en tiempos de gasolina a precios prohibitivos, no soportar tráfico y perder poco tiempo para continuar con nuestras agitadas vidas, sin duda, se presentan como más ventajas.

  • Posibilidad de elegir al terapeuta más especialista aunque no resida cerca

En ocasiones los psicólogos y profesionales que tenemos cerca de nuestro lugar de residencia no satisfacen nuestras necesidades, no son especialistas en nuestro problema o simplemente, hemos encontrado otros que podrían hacerlo de una forma que nos encaja más.

La terapia online, psicoterapia online o telepsicología facilita la tarea de acercar esta solución a cualquier persona que lo precise.

Posibles desventajas de la terapia online para la fobia social

  • Se escapan datos relevantes de la interacción, no podemos hacer pruebas reales de sociabilidad 

En este plano podemos ver que los matices que las personas somos capaces de captar por la vía digital son muchos, pero no comparables al colorido abanico de estímulos que supone una interacción real. Esto puede dificultar tanto la efectividad de la terapia online como perder datos relevantes por el camino. Esto suma la dificultad de que los psicólogos podemos proponer muchas pruebas de sociabilidad en sesión, y con una sesión digital no podemos acceder a esta clase de herramientas reales, más allá de “mandar las actividades para casa” o ingeniárnoslas para que se exponga con el móvil mientras estamos “con él/ella”. Pero… ¿es lo mismo?

  • No se desvirtualizan las relaciones – amortiguadas por la digitalizad, que podrían estar perpetuando parte de este problema

La hiperconexión de las relaciones sociales nos facilita y a la vez dificulta las relaciones, puesto que nos protege de las mismas. Dejar de hablar a alguien, desatenderlo, bloquearlo, hacerle ghosting, deshacerte de la responsabilidad de una relación es tan fácil como cancelar un pedido en Amazon.

Las relaciones pueden reducirse a inputs estimulares que emergen y captan o decaen nuestra atención. Esto a las personas que pueden tener problemas de sociabilidad les puede ayudar a allanar camino para relacionarse de forma “protegida”.

Si lo que queremos es solucionar un problema de relaciones sociales habríamosde preguntarnos hasta qué punto esta protección es recomendable.

  • No se genera la misma calidez, adherencia y cercanía tan necesaria para problemas sociales

La naturalidad de las interacciones cada vez entraña más inputs digitales y menos calor de interacción real. Por muy análogos que puedan parecer, no dejan de ser como un holograma o un mapa: representan la realidad pero no son la realidad. No debemos olvidar este punto, pues las redes sociales también venden esos mensajes de realismo y no dejan de ser una representación. Como representación puede valer, pero la realidad, la contingencia, está delante de nuestras narices. 

La adherencia es un problema que también nos influye, pues como hemos visto en el punto anterior, la puerta giratoria en aparecer y desaparecer en las relaciones digitales es demasiado fácil para “salir pitando”. Así mismo no se pueden dar incluso, abrazos, acompañamientos al dolor, y otra serie de reforzadores sociales que solo se acceden, efectivamente, en el cara a cara. 

Conclusiones

Si me has descubierto precisamente por internet o redes sociales, tras este artículo quizás te he dejado más dudas que certezas. Si es así, habré conseguido mi objetivo. Porque la decisión es tuya.

No obstante, me voy a mojar un poquito.

En problemas de relaciones sociales considero más óptima, que si no toda la intervención, una parte culmine en una interacción real. No dudo que la terapia online para la fobia social que pueda funcionar y de hecho funcione en absoluto, pues acumulan casos y evidencias de efectividad la literatura científica (aún escasa). 

Me atrevo a decir que este medio puede precisamente, ser el calzador que las personas con problemas de habilidades sociales o “fobia social” necesiten para empezar. Ahora bien, destacando la importancia de transicionar a la presencialidad, con el psicoterapeuta o generando relaciones sociales en su entorno. 

Y por último, gracias internet por dejarme hoy escribir estas barras y que tú querido/a lector/a lo puedas estar leyendo, PERO, la contingencia presencial, es y siempre será, la más pura de las interacciones en el terreno de cambio conductual.

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